Peloteros cubanos de los Yankees escapan de EE. UU. y llegan a Cuba

 Deserción o libertad: el dilema de los peloteros cubanos.

Publicado por: diariolibre.com/opinion/en-directo/2026/08/25

Nueva York. — Tres peloteros cubanos de los Yankees abandonaron inesperadamente la concentración del equipo y lograron escapar de EEUU. Horas después se confirmó que habían llegado a Cuba, donde manifestaron su intención de permanecer.

Los jugadores dejaron atrás contratos millonarios, pertenencias personales y una vida construida durante años en Estados Unidos. Según las primeras informaciones, buscaban nuevas oportunidades para desarrollar sus carreras y decidir por sí mismos dónde construir su futuro.

La salida habría sido cuidadosamente planificada.

Los peloteros abandonaron por separado el lugar donde se encontraban. Durante varias horas se desconoció su paradero. Cuando los directivos de los Yankees intentaron comunicarse con ellos, ya habían salido del país.

Finalmente aparecieron en La Habana.

Uno de ellos explicó que la decisión no había sido fácil. Agradecía las oportunidades recibidas en Estados Unidos, pero había llegado a la conclusión de que quería desarrollar su talento en otro lugar y tener mayor control sobre su propia vida.

Otro habló de sus hijos.

Dijo que quería que crecieran en un país donde pudieran construir el futuro que ellos mismos escogieran.

La noticia provocó inmediatamente una conmoción en el béisbol estadounidense.

Los Yankees lamentaron la pérdida de los jugadores. Los medios comenzaron a reconstruir la ruta seguida por los peloteros y en Washington surgió inevitablemente una pregunta incómoda:

¿Qué estaba ocurriendo para que atletas exitosos, con contratos importantes y carreras consolidadas, estuvieran dispuestos a dejarlo todo y marcharse?

No era, además, un fenómeno enteramente nuevo.

Otros peloteros habían tomado decisiones semejantes.

Algunos habían aprovechado viajes al extranjero. Otros abandonaron delegaciones deportivas. Hubo quienes dejaron hoteles de madrugada y quienes pasaron días sin que se conociera su paradero. Algunos tuvieron que separarse temporalmente de sus familias.

Con el tiempo, el fenómeno adquirió incluso una palabra.

Deserción.

Los atletas "desertaban".

Todo lo anterior ha ocurrido. La historia no es imaginaria. Ocurrió, pero al revés.

Los peloteros no escapaban de Nueva York para llegar a La Habana.

Intentaban salir de Cuba.

Los aviones volaban en sentido contrario.

René Arocha marcó en 1991 uno de los grandes puntos de inflexión. Después vendrían Liván Hernández y su hermano Orlando, "El Duque"; José Contreras; Aroldis Chapman; José Abreu, y muchos otros.

República Dominicana conoce bien esa historia.

En 2016, Yulieski y Lourdes Gourriel abandonaron la delegación cubana durante la Serie del Caribe celebrada en Santo Domingo. Tiempo después ambos continuaron sus carreras profesionales fuera de Cuba.

Los nombres cambian.

Las generaciones cambian.

Los lugares cambian.

El movimiento se repite.

Hace apenas unos días, Santo Domingo volvió a encontrarse con una versión de esa historia.

Cinco atletas cubanos que participaban en los Juegos Centroamericanos y del Caribe decidieron abandonar sus respectivas delegaciones y permanecer en República Dominicana. Dos de ellos comenzaron posteriormente los procedimientos para regularizar su situación.

Otra delegación.

Otros atletas.

Otra generación.

El mismo movimiento.

Podemos discutir las razones, y debemos hacerlo sin simplificaciones. Las habrá económicas, profesionales, familiares y políticas. Cada historia será diferente.

Durante décadas, sin embargo, personas distintas, de generaciones distintas y asumiendo importantes costos personales, han tomado decisiones que apuntan predominantemente hacia el mismo lado.

El patrón comienza a decirnos algo.

Una cosa es aquello que decimos preferir. Otra es aquello que escogemos cuando realmente tenemos que decidir.

Emigrar tiene costos: dejar atrás a la familia, el lugar donde nacimos, compañeros, reconocimiento y, muchas veces, una vida entera.

Aun así, muchos se fueron.

Y quizás por eso la pregunta más interesante no sea solamente por qué se marcharon.

Es otra:

¿Hacia dónde se mueve la gente cuando tiene la oportunidad de escoger?

No es una pregunta exclusivamente cubana.

Es una pregunta sobre el ser humano.

Pero hay otra pregunta que el deporte coloca sobre la mesa.

¿A quién pertenece el talento?

Cuba ha producido extraordinarios peloteros y atletas. Pero también médicos, científicos, músicos, artistas, escritores, académicos y profesionales de los más diversos saberes.

Y muchos de ellos también se fueron.

Un Estado puede sentirse orgulloso de haber contribuido a formar ese talento y aspirar legítimamente a que permanezca y contribuya a la sociedad que ayudó a desarrollarlo.

Pero aspirar a que permanezca es una cosa. Decidir que debe permanecer es otra.

El talento puede ser formado por un Estado. Pero no le pertenece al Estado. Le pertenece a la persona.

Y aquí regresamos a una palabra que hemos utilizado durante décadas con sorprendente naturalidad.

Desertar.

Los atletas cubanos "desertan".

Siempre me ha intrigado la palabra.

Un pelotero dominicano que firma para jugar en Japón no deserta.

Un estadounidense que decide jugar baloncesto en Europa no deserta.

Un argentino que firma con un club español tampoco.

Emigran.

Cambian de equipo.

Firman contratos.

Buscan oportunidades.

Uno deserta de un ejército, de una organización a la cual debe obediencia, de una causa respecto de la cual se presume una obligación.

Pero ¿qué significa "desertar" cuando una persona simplemente decide dónde quiere vivir, dónde quiere trabajar y qué quiere hacer con su propio talento?

Las palabras nunca son del todo inocentes. Llamarlo desertor supone que antes le hemos atribuido una obligación de pertenencia. Como si el ciudadano perteneciera al Estado y no el Estado estuviera al servicio del ciudadano.

Tal vez por eso importa hacia dónde elegimos movernos.

Durante décadas hemos visto atletas cubanos abandonar hoteles, delegaciones, equipos y competencias para intentar construir una vida en otro lugar.

Hemos necesitado décadas de discursos, ideologías, estadísticas y propaganda para discutir las razones.

Tal vez la respuesta sea mucho más sencilla que todas nuestras discusiones ideológicas.

Libertad.

La libertad de elegir dónde vivir.

La libertad de decidir qué hacer con nuestro talento.

La libertad de buscar oportunidades.

La libertad de equivocarnos incluso al escogerlas.

Y, sobre todo, la libertad de decidir nuestro propio destino.

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